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Capgemini y el ERE: cuando la IA es la excusa cómoda (y el problema real es otro)

El 10 de abril de 2026 El País publicaba que Capgemini anunciaba un procedimiento de despido colectivo en España, con una plantilla de más de 11.000 profesionales, y enlazaba la decisión con la aceleración de la innovación tecnológica y la incidencia de la inteligencia artificial. La primera reunión de la mesa de negociación, según el mismo medio, estaba prevista para el 23 de abril. Yo no voy a negar que la IA está cambiando cómo se entregan proyectos: lo veo cada semana. Pero me incomoda cómo se empaqueta todo en dos letras cuando delante hay un ajuste de cuentas laboral.

En paralelo, el Gobierno español ha puesto sobre la mesa un consejo de expertos para asesorar a empresas y ciudadanía sobre IA, en la línea de dotar de gobernanza a un fenómeno que ya no es futuro. Es coherente con la idea de que hace falta marco, transparencia y criterio. Lo que no resuelve ese tipo de iniciativas es el choque que llega cuando una multinacional anuncia un ERE y en el comunicado mezcla “clientes”, “incertidumbre” e “IA” en la misma frase. Tú, desde una pyme o un despacho pequeño, no tienes un departamento de prensa que afine el mensaje: lo que ves es que el relato público se adelanta a los números y a las conversaciones serias sobre reconversión.

Desde Bruselas, el Parlamento Europeo ha ido afinando plazos y matices en torno a la Ley de IA: entre otras cosas, ha habido debate sobre aplazamientos en la aplicación de reglas y sobre medidas como la prohibición de aplicaciones tipo “nudifier”. Da igual que te parezcan acertadas o insuficientes: el mensaje es que la regulación va a llegar por capas, y con calendarios que no siempre coinciden con el ritmo de los anuncios corporativos. Mientras tanto, en el terreno de los servicios tecnológicos, la presión por eficiencia es real.

En mi experiencia cuando una empresa grande cita la IA en un proceso de reestructuración, suele estar ocurriendo al menos tres cosas a la vez. Primera: hay que justificar ante inversores y mercados que se “está al día”. Segunda: hay competencia por presupuesto y los clientes aprietan a la baja o exigen más por el mismo dinero. Tercera: la automatización de tareas repetitivas ya no es un experimento, es un canal de trabajo. Mezclar esas tres cosas con un solo titular es cómodo para el relato; es más difícil para quien negocia en la mesa.

Lo que me preocupa de verdad es la asimetría de información. Si la IA es la causa, deberías poder leer en detalle qué roles se asumen obsoletos, qué formación se ofrece y con qué calendario, y qué parte del ajuste es puramente financiera. Si la IA es un factor entre otros, el titular debería decirlo así, porque si no estamos educando al mercado en el miedo en vez de en la planificación. Y en el sector web y TI, donde muchos vivimos de proyectos y soporte, ese miedo se traduce en precios más bajos y en exigencias de “hacerlo ya con IA” sin presupuesto ni criterio.

Ahí es donde el discurso te afecta aunque no trabajes en una consultora gigante. Si el cliente cree que “la IA lo hace todo”, va a pedir plazos irreales y va a comparar tu propuesta con la de quien promete magia. Si tú le explicas que lo que cambia es el flujo de trabajo, la revisión humana y el riesgo legal de meter datos donde no toca, estás compitiendo con un eslogan. No es justo, pero es el tablero.

Tampoco ayuda la confusión entre innovación y recorte. Una cosa es adoptar herramientas para quitar fricción a equipos internos; otra es usar el mismo argumento para reorganizar plantilla sin que el mercado pueda contrastar cifras. Yo no pido que una empresa publique su hoja de excel, pero sí que seamos escépticos cuando el titular apunta a un solo culpable tecnológico.

No estoy pidiendo ingenuidad: los modelos van a seguir comiéndose tareas. Lo que pido es que no confundamos la herramienta con el estratega. Cuando una consultora anuncia un ERE en un contexto de ola tecnológica, la tarea de un profesional no es solo indignarse; es mirar su cartera de servicios, su margen y su dependencia de un solo tipo de cliente. Si tu negocio es copiar y pegar plantillas sin valor, la IA te va a pasar por encima. Si tu negocio es criterio, integración, seguridad y acompañar al cliente en decisiones que no están en el prompt, todavía hay partido.

En resumen: la noticia de Capgemini es un punto de inflexión mediático en España, pero no es un manual de qué va a pasar en tu oficina mañana. La gobernanza de la IA (consejos, leyes, plazos europeos) va por un carril; los ajustes laborales de grandes proveedores, por otro. Tu trabajo es no dejarte llevar solo por el titular. Y si te toca decidir con datos en la mano, piensalo dos veces antes de internalizar el mensaje de que “ya no hace falta gente”: muchas veces hace falta otra gente, con otras habilidades.

Si tu proveedor tecnológico te sube precio o reduce alcance y en la misma frase menciona la IA, ¿le pedirías un desglose de qué parte del cambio es herramienta, qué parte es política comercial y qué parte es simple presión de mercado?

Fuentes

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