Ayer TechCrunch publicaba la entrevista con Ayah Bdeir, CEO de Current AI, la ONG que promete construir la «World Wide Web of la IA»: infraestructura abierta, gratuita y al servicio de comunidades que los grandes modelos ignoran. Suena bien. Demasiado bien. Y si llevas años montando webs, integrando chatbots y negociando presupuestos con clientes que quieren «lo de ChatGPT pero barato», ya sabes donde acaba esto.
Current AI no es un proyecto cualquiera. Llevan 400 millones de dólares comprometidos —100 millones del gobierno francés más Ford Foundation, MacArthur, DeepMind y Salesforce— y acaban de presentar Alpha Chat en Ginebra: un chatbot open source montado en siete semanas por diez organizaciones, entre ellas Hugging Face, Mozilla y el MIT Media Lab. También tienen Suno Sutra, un dispositivo offline para 22 idiomas indios, y acuerdos con Sakana AI para una pila «soberana» orientada al japonés y al Sur Global. La narrativa es potente: la IA no puede quedarse en manos de Silicon Valley.
Me parece una apuesta necesaria. De verdad. Pero como profesional del sector web, lo que me interesa no es el manifiesto sino lo que pasa cuando un cliente te dice «ponme eso en la web».
Bdeir lo explica con claridad en la entrevista: los modelos multilingües de Big Tech expanden mercado «con independencia del consentimiento o del contexto». Para lenguas indígenas, las traducciones misioneras de la Biblia se convierten en datos de entrenamiento antes de que la comunidad decida nada. Current AI propone lo contrario: datos locales, expertos comunitarios en el pipeline, protocolos de consentimiento con derecho a parar el proceso. Los cuatro proyectos de su primera ronda de subvenciones —3,2 millones repartidos entre Kenia, Líbano y la Amazonia brasileña— van en esa dirección. Masakhane construye datasets en más de 50 lenguas africanas; Portal sem Porteiras trabaja con comunidades indígenas offline.
Aquí está el pero. Esos 3,2 millones, repartidos en cuatro iniciativas, son menos de lo que Meta gasta en un fin de semana de inferencia. Bdeir responde que «la escala no siempre es la medida» y pone el ejemplo de un anciano indígena en la Amazonia usando una herramienta hecha en Kenia para transmitir conocimiento ecológico en su idioma. Es una imagen preciosa. También está muy lejos de la pyme española que quiere un asistente en su WooCommerce para responder dudas de envío.
Alpha Chat es el producto más cercano a lo que tú podrías desplegar mañana. Open source, ensamblado por una coalición, con piezas de modelo, seguridad y cómputo aportadas por distintos actores. En papel, es la alternativa pública a un GPT cerrado. En la práctica, te falta casi todo lo que un proyecto web real necesita: SLA, soporte, cumplimiento RGPD documentado, facturación predecible y alguien a quien llamar cuando el bot empieza a inventar plazos de devolución.
Y no es solo burocracia. Current AI financia con subvenciones, no con inversión de capital riesgo. Eso protege la misión. También significa que su supervivencia depende de filantropía y presupuestos públicos en un momento en que la IA es el campo de batalla geopolítico del año. Francia aporta, India colabora con Bhashini, Japón entra con Sakana. Cada pieza encaja en una estrategia de «IA soberana» nacional o regional. Para una agencia en Valencia o un freelance en Bilbao, ¿eso es liberación o otro tablero donde no tienes ficha?
Lo que más me incomoda es la comparación con la web de los noventa. Bdeir quiere un sistema abierto donde las mejoras benefician a todos, nadie queda fuera y las comunidades controlan sus datos. La web early days también prometía eso. Luego llegaron los walled gardens, el programmatic advertising y cinco empresas decidiendo qué se indexa. ¿Por qué la IA pública escaparía al mismo patrón? Hugging Face y Mozilla en la coalición de Alpha Chat inspiran confianza, pero alguien tendrá que pagar el GPU cuando dejes de ser caso de estudio y pases a producción con tráfico real.
Tampoco veo resuelto el problema que más veces me han preguntado clientes en 2025 y 2026: ¿puedo usar esto en mi web sin riesgo legal? Current AI habla de auditorías en África y de no dejar que Silicon Valley decida por todos. Bien. Pero en España tu responsable de protección de datos quiere un DPA firmado, registro de tratamientos y saber dónde residen los embeddings. Un repo en GitHub con licencia abierta no sustituye eso. Kimi K3 y Qwen 3.8 —otras noticias de esta misma semana— presionan por tamaño y benchmarks; Current AI presiona por ética y lenguas minoritarias. Las tres narrativas compiten por tu atención, y ninguna te dice cuánto cuesta servir 10.000 conversaciones al mes en tu tienda.
No descarto integrar piezas de este ecosistema cuando maduren. Un modelo open source bien gobernado puede ser la capa correcta bajo un RAG con tus FAQs y tu catálogo. Pero confundir la ONG con un proveedor listo para producción es el mismo error de quien creía que WordPress.com gratis era lo mismo que montar WordPress en un VPS con backups y actualizaciones. La infraestructura pública de la IA, si llega, llegará con lag. Mientras tanto, tu cliente pagará tokens a quien tenga datacenter.
Current AI está haciendo algo que el mercado privado no haría: financiar Suno Sutra para una agricultora que no habla inglés, o datasets en lenguas africanas para salud y educación. Eso importa. Pero si te venden la utopía de que mañana tendrás «la web de la IA» gratis en tu hosting compartido, piénsalo dos veces. Los 400 millones no son tuyos ni de tu cliente; son combustible para proyectos que quizá nunca necesites desplegar en tu dominio .es.
Si mañana tu cliente te pidiera montar Alpha Chat en su web corporativa sin depender de OpenAI, pero sin presupuesto para DevOps ni para abogado de privacidad, ¿le dirías que es viable o le recomendarías seguir pagando la API de turno sabiendo que es un vendor lock-in?
