El AI Act te obliga a decir «soy una IA» en lenguaje claro: suena sensato hasta que lo montas en tu web

El 20 de julio la Comisión Europea publicó las directrices sobre las obligaciones de transparencia del AI Act. En papel, todo encaja: si alguien habla con un chatbot, tiene que saberlo. Si ve un deepfake o un texto generado por IA sobre un asunto de interés público, también. Y todo eso, según el reglamento, en lenguaje claro y accesible. El 2 de agosto de 2026 empieza a ser exigible. O sea, dentro de nada.

Yo lo leo y asiento con la cabeza. Transparencia, confianza, evitar engaños. Perfecto. Luego miro lo que tengo delante en proyectos reales —webs con asistentes embebidos, chatbots de atención al cliente, formularios con IA que redacta respuestas— y me pregunto quién va a implementar esto bien y quién va a poner un banner de tres líneas en gris claro que nadie lee.

Porque la norma no te pide un aviso legal. Te pide que informes explícitamente al usuario de que está interactuando con un sistema de IA. Y en el caso de los chatbots desplegados por empresas, la obligación recae en quien lo pone en producción, no solo en quien fabricó el modelo. Si montas un asistente en tu tienda WooCommerce con la API de OpenAI, Anthropic o quien sea, eres deployer. Tú. No el proveedor del modelo.

Eso cambia la conversación en agencias y pymes. Hasta ahora muchos clientes pedían «un chatbot sin que se note». Ahora la ley europea va en la dirección contraria: que se note, y además que se entienda. El problema es que «lenguaje claro» no está definido con la misma precisión que «machine-readable watermark» o «deepfake». Las directrices dan ejemplos y definiciones, sí. Pero dejan margen para que cada deployer decida medidas adecuadas. Traducción: vas a ver de todo.

En inglés ya están midiendo el impacto. Olakai resume el calendario con crudeza: el 22 de julio cierra la ventana para firmar el Code of Practice sobre transparencia, y el 2 de agosto las obligaciones del Artículo 50 entran en vigor firmes o no firmes. Las sanciones pueden llegar a 15 millones de euros o al 3% de la facturación global. No es una multa simbólica para quien despliega IA conversacional a escala.

¿Y qué significa «lenguaje claro» en la práctica? Aquí es donde la discusión se pone interesante. En julio han salido artículos sobre IA y plain language —modos «Explain Like I’m 5», métricas de legibilidad Flesch-Kincaid, revisiones humanas de textos generados— que tratan la claridad como una ventaja de producto. En Bruselas, la claridad es una obligación legal. Pero nadie te dice si basta con «Estás hablando con un asistente virtual basado en inteligencia artificial» o si tienes que adaptar el aviso al nivel de comprensión del usuario, al idioma, a la accesibilidad WCAG.

Brody Derich, con su tutor de IA para Milo MCAT, añadió un modo «Explain Like I’m 5» no como adorno sino como prueba de que el modelo entiende lo que dice. Si no puede explicar un concepto en lenguaje llano, probablemente no lo domina. Esa lógica me gusta para producto. Para cumplimiento legal, me da miedo: ¿cuántas empresas van a usar IA para redactar el aviso de transparencia que cumple la ley sobre usar IA? La ironía es total.

Y hay otro punto que casi nadie comenta en las notas de prensa. El AI Act distingue entre proveedor y deployer, pero en una web típica hay tres capas: el modelo (OpenAI, Google, Mistral), la plataforma intermedia (un plugin, un SaaS de chatbot) y el cliente final que lo embebe. ¿Quién redacta el aviso? ¿Quién lo traduce? ¿Quién lo actualiza cuando cambias de modelo? Las directrices aclaran roles, pero no eliminan la fricción operativa. Si eres autónomo con un chatbot en tu web de hosting, no tienes departamento legal. Tienes un viernes por la tarde y un plugin que activar.

Además, la obligación no es solo al inicio de la interacción. Para deepfakes y textos de interés público sin revisión humana hay reglas de etiquetado distintas. Si tu blog usa IA para redactar borradores de noticias y los publicas sin revisión editorial, entras en un terreno que las directrices intentan acotar con ejemplos. ¿Un blog corporativo cuenta como «asunto de interés público»? ¿Una ficha de producto generada automáticamente? Las guías dan casos, pero la frontera sigue siendo difusa. Y en la práctica, quien primero se queje será la referencia, no el texto de Bruselas.

Lo que más me preocupa es la convergencia con el relato de «IA aliada del lenguaje claro». Administraciones y empresas venden la simplificación como progreso: textos más legibles, trámites más comprensibles, chatbots amables. Ahora la ley exige transparencia en lenguaje claro sobre el propio uso de IA. Dos usos distintos de la claridad: una para acercar, otra para advertir. Si usas el mismo tono amable para ambas cosas, el aviso se diluye. «Hola, soy tu asistente virtual y estoy aquí para ayudarte» cumple el espíritu de cercanía pero puede incumplir el espíritu de la norma si no deja claro que no eres humano.

Desde el sector web, esto afecta a decisiones concretas. ¿Dónde pones el aviso en un widget flotante? ¿Se muestra antes del primer mensaje o lo enterras en el footer? ¿Lo repites en cada sesión? ¿En móvil, con pantalla reducida, sigue siendo «accesible»? Las directrices hablan de medidas adecuadas, no de un checkbox. Eso es sensato para no petrificar la tecnología. Pero también abre la puerta a interpretaciones mínimas hasta que alguien recibe una reclamación.

No digo que la norma sea mala. Creo que era necesaria. El problema es el desfase entre el calendario legal y la madurez de quien despliega. En agosto empieza a contar el plazo; en muchas webs el chatbot sigue siendo un experimento de marketing del que nadie quiere hacerse responsable si responde mal. Meter encima un aviso legal en lenguaje claro no arregla eso. Solo hace visible que estás expuesto.

Mi consejo, si te toca implementarlo: no copies el primer template que encuentres en inglés. Redacta el aviso como si se lo explicaras a un cliente tuyo que no sabe qué es un LLM. Ponlo donde no se pueda ignorar. Documenta quién es provider y quién es deployer en tu cadena. Y si usas IA para simplificar textos legales de tu web —condiciones, privacidad, avisos— recuerda que la claridad no sustituye la exactitud. Bruselas te pide transparencia sobre la IA; no te exime de que el contenido sea correcto.

Si tu chatbot de atención al cliente empieza mañana con un mensaje de bienvenida generado por IA que no menciona que es IA, pero el banner legal en el footer sí lo hace en letra pequeña, ¿crees que cumples el espíritu del Artículo 50 o solo la letra para dormir tranquilo hasta la primera inspección?

Fuentes

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