Abril de 2026 y otra vez el mismo titular que me suena a déjà vu: el Gobierno monta un consejo de expertos para orientar a empresas y ciudadanía sobre inteligencia artificial. La noticia, recogida entre otros por La Opinión de Málaga, apunta a un comité asesor vinculado al marco de la AESIA, con líneas de trabajo que suenan sensatas: impacto en mujeres, desinformación, empleo, menores. Yo no digo que eso no haga falta. Digo que a ti, si tienes una pyme que factura lo justo y ya te cuesta pagar el SaaS del mes, te resbala un poco.
Porque el problema no es que falten expertos en una mesa redonda. El problema es que sigues sin saber, con nitidez, que te exige la ley si integras un chatbot en tu web, quien asume la responsabilidad si el modelo se inventa datos sobre un cliente o cuánto te puede costar en tiempo legal revisar cada salida automática. Mientras eso siga en zona gris, un consejo puede servir de faro… o de cortina de humo bonita.
En paralelo, el mismo abril, el Congreso ha estado empujando a incorporar IA en la lucha contra los ciberataques, como recoge El Confidencial. Ahí ya no estamos en el terreno del “debate”: estamos en infraestructura crítica, en incidentes que te cierran la tienda online o te dejan sin copias de seguridad. La tensión es evidente: por un lado asesoramiento y gobernanza; por otro urgencia operativa. Y en medio, otra vez, la pyme que no tiene un CISO de plantilla ni un departamento de compliance que lea 80 páginas de informe cada vez que OpenAI o Anthropic cambian las condiciones.
Lo que yo veo en el mercado —y lo digo sin romanticismo— es un doble ritmo. Los grandes actores y las administraciones publican principios, comités y hojas de ruta. Los que facturan cinco o seis cifras al año lo que necesitan es un checklist: qué datos no puedes mandar a un modelo, cómo documentar el uso interno, cómo formar al equipo sin convertir la empresa en un aula universitaria. Si el consejo de expertos traduce eso en guías cortas, plantillas y ejemplos sectoriales, bienvenido sea. Si se queda en recomendaciones abstractas, habremos ganado otro organigrama y poco más.
También me preocupa el efecto “noticia tranquilizadora”. Un titular de que “ya hay expertos” puede hacer que un autónomo archive la carpeta y piense que alguien velará por él. La realidad es que la responsabilidad civil y laboral sigue apoyándose en quien pone el sistema en producción o sea tú. Eso no lo delega un comité aunque esté lleno de académicos brillantes.
En mi experiencia lo que más fricción genera no es la falta de entusiasmo por la IA sino la ausencia de criterios mínimos auditables: trazas, revisiones humanas en procesos sensibles, políticas de retención de prompts y una forma clara de explicar al cliente final cuándo ha habido máquina de por medio. Eso es aburrido de contar en un pleno, pero es lo que evita sustos.
No estoy pidiendo menos regulación ni menos reflexión ética. Estoy pidiendo que la parte visible del iceberg —comités, informes, grandes declaraciones— vaya acompañada de piezas que quepan en un PDF de diez páginas con casos reales de comercio electrónico, agencias y estudios pequeños. Si no, seguiremos con el mismo espectáculo: instituciones que avanzan en paralelo y negocios que improvisan con miedo a equivocarse.
Fuentes
- La Opinión de Málaga — El Gobierno crea un consejo de expertos sobre inteligencia artificial
- El Confidencial — Congreso e IA frente a ciberataques
Si mañana tuvieras que elegir entre un pack de plantillas legales y técnicas listas para aplicar en tu web y un nuevo órgano asesor sin plazos concretos, ¿con cuál apostarías el presupuesto de formación de tu equipo?