**Categoría:** Inteligencia Artificial
**Estilo:** crítico
**Fecha:** 2026-09-10
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El 3 de septiembre salió en el BOE el Real Decreto 707/2026, el reglamento de accesibilidad cognitiva que llevan años pidiendo colectivos, administraciones y parte del sector digital. Lo he leído entero —bueno, casi entero, son ochenta páginas de leguleyo— y hay algo que me ha saltado a la vista antes que cualquier otra cosa: la inteligencia artificial aparece como recurso tecnológico válido, como opción de comunicación en entornos digitales, como herramienta para orientar a las personas por escrito, por voz y con apoyos visuales. Suena progresista. Suena moderno. Suena a que por fin alguien en Moncloa ha abierto ChatGPT.
El problema es que el decreto te dice qué puedes usar, pero no te dice cómo saber si lo que la IA te escupe cumple lo que promete.
La norma reconoce explícitamente que la accesibilidad cognitiva ha estado «prácticamente ausente en las políticas públicas» y que eso ha impedido que personas con dificultades de comprensión, comunicación o interacción participen en igualdad. Bien. También recoge lenguaje claro, lectura fácil, pictogramas, sistemas de orientación. Todo eso lleva décadas de trabajo detrás, con personas con discapacidad en el centro del proceso. Y de repente, en el mismo párrafo donde habla de esas herramientas humanas, mete la IA como si fuera equivalente.
No lo es. Y quien lleve un tiempo probando modelos generativos lo sabe.
La Autistic Self Advocacy Network lo dejó claro el verano pasado: probaron varios modelos de IA para traducir textos a lenguaje claro y todos cometieron errores graves que cambiaban el significado del contenido original. No pequeños matices. Cambios de sentido. La ASAN pide directamente que no se use IA generativa para esto. Su argumento no es tecnofóbico: el lenguaje claro funciona porque personas con discapacidad participan en escribirlo y revisarlo. La IA no tiene esa experiencia vivida. Nunca la tendrá.
¿Y qué dice el Real Decreto sobre esa revisión humana? Que la información accesible debe ofrecerse «sin coste adicional y sin retrasos indebidos». Traducción para quien gestiona una web de ayuntamiento o una tienda online: te van a pedir que simplifiques todo el contenido antes del 2 de enero de 2027, y la solución más barata que te van a vender es un plugin de IA que reescribe tus textos en un clic.
He visto esa película. La administración de justicia española ya firmó convenios con la UNED para formar en lenguaje claro «con herramientas, incluida la IA». Las jornadas de la RAE sobre lenguaje claro y accesible incluyen paneles enteros sobre nuevas herramientas de inteligencia artificial. La Comisión Europea tiene WebText y Accessible Text para transformar contenido complejo. Todo el ecosistema empuja en la misma dirección: automatiza la claridad.
Pero automatizar la claridad no es lo mismo que garantizar la comprensión. Un chatbot que te guía por un trámite administrativo puede ser tan inaccesible como la página original si su interfaz no funciona con lectores de pantalla, si alucina pasos que no existen o si te responde «enhorabuena por tu cumpleaños» cuando le preguntas por el plazo de una solicitud. No lo invento: un test neerlandés de chatbots gubernamentales encontró que el cien por cien fallaba en accesibilidad digital básica.
En Estados Unidos la situación es aún más explícita. El Departamento de Justicia reconoció en 2026 que la IA generativa «aún no automatiza de forma fiable» la corrección de contenido inaccesible a escala. Lo dijo al extender plazos de cumplimiento del ADA para webs gubernamentales. No es una opinión de un blog: es la administración federal admitiendo que la herramienta que todo el mundo quiere usar para cumplir más rápido no cumple lo que promete.
TestPros, consultora de accesibilidad, lo resume bien: el problema no es usar IA, es la ausencia de un paso de revisión de accesibilidad antes de publicar. Imágenes sin alt text, PDFs sin etiquetar, documentos sin estructura de encabezados, contenido de redes sociales sin descripciones. Todo eso lo genera la IA a velocidad industrial. Y si tu flujo editorial no incluye a alguien que sepa detectarlo, acabas creando barreras nuevas mientras crees que las estás eliminando.
El Real Decreto 707/2026 no regula ese flujo. Te dice que puedes usar IA. Te dice que debes ofrecer alternativas cognitivamente accesibles. Te remite a la UNE-ISO 24495-1 para lenguaje claro. Pero no establece quién valida la salida de un modelo generativo, qué criterios de calidad exige, qué pasa si el texto simplificado cambia obligaciones legales de un contrato o de una resolución administrativa. En un trámite de subvención, un «simplificado» que omita un requisito no es accesible: es un problema jurídico disfrazado de inclusión.
Para webs y tiendas online el calendario aprieta. El EAA europeo ya está en marcha desde junio de 2025. El AI Act conecta accesibilidad y cumplimiento de IA desde agosto de 2026. Y ahora llega este reglamento nacional con entrada en vigor el 2 de enero de 2027. Tres capas normativas que convergen en la misma conclusión práctica: tu contenido digital tiene que ser comprensible para más gente. Pero ninguna de las tres te dice «mete un LLM y listo».
Lo que sí te dice —entre líneas— es que vas a necesitar procesos, no solo herramientas. Revisión por personas con experiencia en lectura fácil. Pruebas con usuarios reales. Auditorías de accesibilidad que incluyan lo cognitivo, no solo contraste de colores y etiquetas ARIA. Y si usas IA en el camino, tratarla como borrador, no como versión final.
En mi experiencia con clientes de pymes y administraciones, la tentación de delegar la reescritura a un modelo es casi irresistible cuando el plazo aprieta y no hay presupuesto para redactores especializados. Lo entiendo. Pero confundir velocidad con accesibilidad es exactamente el error que convierte una norma progresista en una excusa para publicar basura simplificada.
El decreto es un avance real para un colectivo que llevaba demasiado tiempo invisible en la normativa. Eso no lo quito. Pero si la implementación se reduce a «instala este chatbot y activa el modo lenguaje claro», vamos a tener webs legalmente «adaptadas» e igual de incomprensibles que antes, solo que ahora con un bot sonriente en la esquina.
Si tu proveedor te ofrece cumplir el Real Decreto 707/2026 reescribiendo toda tu web con IA antes de enero de 2027, sin incluir revisión humana por personas con experiencia en accesibilidad cognitiva, ¿firmarías el contrato sabiendo que la ASAN y el Departamento de Justica estadounidense ya han documentado que esa salida no es fiable?