Te suena el runrún de siempre: «con IA lo vamos a explicar todo más fácil». Yo llevo años leyendo comunicados que prometen transparencia en dos clics y luego el pleno o el teórico siguen siendo ilegibles. Pero en los primeros meses de 2026 hay movimiento que ya no es solo folleto: pilotos en portales reales, herramientas que llegan al navegador del ciudadano y, en paralelo, el relato institucional de una infraestructura pública de IA que empieza a enseñar casos de uso concretos. Te cuento qué merece la pena vigilar y cómo lo encajarías en un proyecto web sin perderte en la feria de hype.
Antes de nada, una idea que me ahorra disgustos: lenguaje claro no es sinónimo de tono informal. Claridad es que la persona entienda qué tiene que hacer, en qué plazo y con qué consecuencias. Si la IA te devuelve un párrafo amable pero ambiguo sobre plazos o requisitos, has empeorado el servicio aunque el texto «suene mejor». Eso aplica igual si gestionas una sede electrónica que si mantienes políticas y FAQs en un sitio de empresa.
De qué va el ejemplo de Castellón (y por qué no es «solo un chatbot»)
La Diputación de Castellón ha estado en boca de varios medios por una apuesta explícita en lenguaje claro apoyada en IA. Según recoge El Periódico Mediterráneo, la estrategia Provinc.IA incluye, entre otras cosas, un asistente para trámites y un sistema orientado a hacer más digerible la información del portal de transparencia. O sea: no se trata solo de decorar la portada con un widget fashion, sino de atacar dos dolores distintos (resolver dudas operativas y convertir documentos difíciles en algo que un ciudadano pueda seguir con cierta confianza).
Ahí es donde yo separaría chicha de cartón. Si tu reto es el trámite, necesitas integración seria con procedimientos, FAQs mantenidas y un plan de escalado humano cuando el modelo se queda corto. Si tu reto es el lenguaje administrativo denso, necesitas plantillas editoriales, responsables que validen y un control de versiones de los textos fuente. La IA puede acelerar borradores y detectar incoherencias, pero no sustituye que alguien asuma la responsabilidad de que el texto simplificado sigue siendo jurídicamente correcto. En mi experiencia el cuello de botella no suele ser el modelo, sino el tiempo del equipo legal y el de comunicación para consensuar criterios.
Si montas algo así para un cliente, conviene fijar desde el primer día qué ocurre cuando el asistente no tiene certeza: mensaje estándar, enlace al registro de quejas, teléfono, lo que sea. Dejar el vacío es convertir la IA en un mueble bonito que genera frustración.
ALIA y los «primeros casos de uso»: lo que importa no es el titular
En paralelo, el Gobierno español viene empujando ALIA como infraestructura pública de IA y, según explica Infobae recogiendo información de agencias, el ministro Óscar López ha anunciado el arranque de primeros casos de uso. Cuando lees este tipo de nota lo habitual es un cóctel de democratizar el acceso, soberanía tecnológica y casos reales que aún no puedes probar en tu terminal.
Yo aquí soy escéptico en el sentido práctico: lo que me interesa a ti y a mí es el despliegue. Modelos públicos suenan muy bien en una conferencia pero en el día a día lo que manda es si hay APIs estables, si el coste es predecible y si tu equipo puede auditar resultados. Si eres una pyme o un proveedor que monta webs para administraciones tu hoja de ruta debería ser compatible con pilotos pero no depender de promesas a tres años. Mezcla lo público cuando esté maduro con lo que ya te funciona hoy en privado (con contratos, registro de tratamiento y límites de datos claros).
Tampoco olvides el factor político: los proyectos institucionales cambian de prioridad con cada legislatura. Arquitectura que dependa de un único proveedor o de un modelo único te deja vendido si el roadmap público frena. Modularizar y documentar siempre.
Herramientas que ya pululan: simplificar sin reescribir el CMS entero
No todo pasa por macroproyectos. En Capital Radio se ha hablado de iniciativas que buscan simplificar el lenguaje administrativo con IA, incluyendo enfoques que actúan casi como traductor en el navegador y adaptan el texto a distintos niveles. Ese planteamiento cuadra con equipos pequeños: puedes pilotar asistencia a redacción o capas de lectura fácil sin tocar el núcleo del CMS en la primera fase.
Lo que yo haría en un proyecto web serio es una lista corta y obligatoria: (1) definir qué significa «claro» en tu contexto, con ejemplos buenos y malos; (2) usar la IA para proponer, no para publicar a ciegas; (3) medir con usuarios reales aunque sea con cinco entrevistas y tareas guiadas; (4) guardar trazabilidad de quién validó cada bloque y cuándo. Si no hay reglas editoriales la IA solo consigue que el galimatías suene más coloquial y eso no salva un portal de transparencia ni una landing de producto.
En sitios WordPress o similares suele funcionar bien separar «contenido legal definitivo» de «resumen orientativo» y enlazar siempre al PDF o texto oficial. Así reduces riesgo y dejas claro al ciudadano o al cliente qué manda cuando hay discrepancia.
Yahoo y el marco mediático del «lenguaje claro»
La agregación en medios como Yahoo Noticias también ha recogido el hilo de la IA como aliada del lenguaje claro en distintos contextos institucionales y editoriales. Sirve para recordarte que el tema ya está en la conversación pública: tus usuarios lo van a asociar con facilidad y con modernidad aunque detrás falte proceso.
Por eso a mí me gusta llevar la métrica al terreno del servicio: tiempo para completar un trámite, consultas repetidas al call center, abandono en pasos clave. Si la IA no mueve esos indicadores estás haciendo comunicación, no mejora real.
Riesgos que conviene asumir desde el primer día
Un modelo puede simplificar de más y colarse un error material. Puede suavizar un requisito que legalmente es vinculante o meter matices que no estaban en el original. También puede perpetuar sesgos del corpus con el que se alimenta. En administración la IA debería ir acompañada de revisión humana y de límites explícitos: qué documentos nunca se parafrasean sin supervisión jurídica, qué bloques son plantilla fija y qué puede ser generativo.
En una web comercial el riesgo es distinto pero no menor: si simplificas condiciones legales o políticas de privacidad sin supervisión te puedes ganar un problema de compliance. La IA es herramienta de productividad, no despacho jurídico. Y en SEO tampoco compensa publicar resúmenes confusos que contradigan el texto definitivo: Google y sobre todo los usuarios acaban penalizándote en confianza.
Fuentes
- El Periódico Mediterráneo: asistente y lenguaje claro en la Diputación de Castellón
- Infobae (agencias): primeros casos de uso de ALIA
- Capital Radio: simplificar el lenguaje administrativo con IA
- Yahoo Noticias: IA como aliada del lenguaje claro
Si mañana tu cliente te pide «poner IA para que el portal de transparencia se entienda solo», pero solo te deja publicar textos sin revisión jurídica, ¿firmarías tú el OK de puesta en producción con esa limitación?