Si alguna vez has rellenado un formulario en una web pública o has intentado entender una condición legal en letra pequeña, ya sabes de qué hablo: el lenguaje opaco cuesta dinero, tiempo y paciencia. En los últimos años se ha hablado mucho de la comunicación clara y del lenguaje claro como herramienta para que la ciudadanía entienda lo que le piden las administraciones y las empresas. Ahora la conversación ha dado un paso más: la inteligencia artificial y el procesamiento del lenguaje natural se presentan como aliados para medir, asistir y hasta reescribir textos con ese objetivo.
La noticia que ha circulado recientemente en medios como Yahoo Noticias, tomando como base un artículo de Telos (Fundación Telefónica), resume bien el fondo del asunto: no se trata de “bonificar” frases por estética, sino de reducir barreras cuando el texto es el canal principal entre una institución y una persona que tiene que tomar una decisión o cumplir un trámite.
Qué entendemos por lenguaje claro
La International Plain Language Federation lo define de forma operativa: un texto está en lenguaje claro cuando su redacción, estructura y diseño son lo bastante transparentes como para que quien lo lee encuentre lo que necesita, lo entienda y pueda usarlo. Eso encaja con lo que yo suelo pedir en proyectos web: no solo que la página cargue rápido, sino que el mensaje sea comprensible en el primer pantallazo.
En España llevamos años con informes sobre la claridad del lenguaje administrativo; por ejemplo el trabajo que desde Prodigioso Volcán se viene haciendo alrededor de textos que la gente lee para trámites cotidianos. Los datos son demoledores en muchos casos: una parte importante de esos textos sigue siendo difícil de entender. Ahí es donde la IA deja de ser un juguete y empieza a plantearse como herramienta de diagnóstico y apoyo, no como sustituto del criterio humano.
Tres usos de la IA en este terreno
En la línea que recogen las fuentes especializadas, yo distinguiría tres frentes que a ti como técnico o como responsable de contenidos te pueden sonar familiar:
- Medición automática de claridad. Antes de publicar una política de privacidad o un aviso legal, tener un indicador de legibilidad y de complejidad puede ayudarte a priorizar qué bloques reescribir primero. Herramientas como Clara (en versión beta pública) van en esa dirección para documentos administrativos y contratos en español.
- Redacción asistida. Sistemas que no “escriben solos” sino que guían al redactor mientras teclea, enseñando reglas de lenguaje claro sobre la marcha. arText claro es un ejemplo conocido en el ámbito jurídico-administrativo, desarrollado en la UNED con técnicas de PLN basadas en reglas.
- Generación automática o simplificación. Aquí entran los grandes modelos de lenguaje. Pueden acelerar borradores o propuestas de reformulación, pero también arrastran el riesgo de alucinaciones o de cambios léxicos que alteran el sentido jurídico. Por eso en casi todos los despliegues serios la revisión humana no es opcional, es el cuello de botella que garantiza que no cuelgue un error silencioso.
Qué implica para una web o un servicio online
Desde el punto de vista de una pyme con tienda online o un sitio corporativo, el paralelismo es directo: tus textos legales, tus emails transaccionales y tus procesos de checkout son el equivalente en miniatura de un expediente administrativo. Si la IA te ayuda a detectar frases demasiado largas o jerga innecesaria, ganas en conversión y en soporte (menos tickets del tipo “no entiendo este paso”). Si la usas sin supervisión para “traducir” condiciones legales a un supuesto lenguaje llano, puedes crear expectativas falsas o contradicciones con el texto jurídico definitivo.
Mi recomendación práctica es ordenada: primero define qué debe cumplir el texto (obligaciones, plazos, consecuencias). Después usa la IA como asistente de borrador o de puntuación de claridad. Siempre con un responsable que firme la versión final. En administración pública el volumen y la repetición justifican más automatización; en una web pequeña el coste del error reputacional puede ser desproporcionado si sueltas un párrafo mal simplificado.
¿Preferirías que tu banco te explicara por escrito una comisión con un texto asistido por IA sabiendo que nadie ha revisado el borrador, o un texto más tosco pero revisado por una persona del departamento legal?
Fuentes
- Yahoo Noticias — La inteligencia artificial como aliada del lenguaje claro
- Telos / Fundación Telefónica — La inteligencia artificial como aliada del lenguaje claro
- International Plain Language Federation — Plain language
- Prodigioso Volcán — Comunicación clara
- Clara — Herramienta de claridad textual
- arText claro — Sistema de redacción asistida
