La reciente decisión de Baker McKenzie de despedir alrededor del 10% de su plantilla, es decir, entre 600 y 1.000 puestos, debido a la automatización impulsada por la inteligencia artificial, me ha hecho reflexionar sobre un fenómeno que se está extendiendo como la pólvora en diversos sectores. En este caso, la mayoría de los recortes afectan a personal de soporte, como investigación, marketing, know-how y funciones secretariales. Y no estamos solos en esto; otras firmas, como Clifford Chance, Freshfields e Irwin Mitchell, ya han tomado medidas similares.
Lo que ocurre en Baker McKenzie no es un caso aislado, sino una señal más de cómo la IA está colonizando sectores que antaño parecían inmunes a este tipo de transformación. La pregunta que me surge es, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar el empleo a favor de la eficiencia? La confianza en la IA, aunque bien fundamentada, tiene un reverso peligroso: la eliminación de trabajos. ¿Es esto el precio que tenemos que pagar por avanzar hacia una modernidad más tecnológica?
Desde mi punto de vista, el impacto en el sector legal es profundo. Antes, el trabajo en los despachos de abogados suponía una combinación de tareas manuales y habilidades especializadas. Ahora, con la automatización de funciones que antes requerían una intervención humana, el trabajo se está redefiniendo. El mercado espera que estas tecnologías sigan evolucionando y, lo que es más importante, que generen un ahorro significativo en costes. Pero, ¿qué pasa con la calidad de los servicios? ¿Puede una máquina realmente sustituir el juicio y la experiencia de un profesional humano?
Lo que no cuadra en esta situación es que, a pesar de la justificación en términos de eficiencia y reducción de costes, la preocupación por la pérdida de miles de puestos de trabajo debería preocuparnos a todos. El debate sobre la IA en el trabajo debe centrarse no solo en los beneficios, sino también en las consecuencias sociales y económicas. La complejidad del trabajo legal no se puede reducir a algoritmos; hay matices que solo un ser humano puede comprender.
A medida que las firmas de abogados se sienten tentadas por la promesa de la efectividad que ofrece la IA, deben preguntarse: ¿cuál es su responsabilidad hacia sus empleados? Me parece que, en la búsqueda de una mayor rentabilidad, se está obviando el impacto que estas decisiones tienen en vidas reales. Tras los recortes de Baker McKenzie, son muchos los que predicen que otros bufetes seguirán el mismo camino. El lema del todo vale en nombre de la innovación está ganando terreno.
En otros sectores, la situación no es diferente. Desde la manufactura hasta los servicios al cliente, la IA promete transformar la forma en que trabajamos, pero también plantea un escenario en el que muchos trabajadores se encuentran en la cuerda floja. Las voces que abogan por la automatización deben ser equilibradas con aquellas que defienden el valor del trabajo humano. No se trata de estar en contra del progreso; se trata de asegurarnos de que este progreso no nos deje atrás.
En resumen, la automatización está destinada a revolucionar el ámbito laboral, pero no debería hacerse a expensas de quienes hacen posible que ese ámbito funcione. La cuestión es: ¿qué medidas se están tomando para proteger a los trabajadores ante esta ola de inteligencias artificiales y recortes? Si los despachos de abogados y otros sectores siguen este camino, debemos preguntarnos: ¿hacia dónde se encamina el futuro del trabajo?
Fuentes
- Baker McKenzie to cut 1,000 roles in AI-driven restructuring
- EXCLUSIVE: 100s face axe at Baker McKenzie as AI reliance grows
- Wake Up Call: Hundreds Laid Off at Baker McKenzie as AI Grows
- Baker McKenzie to cut business services roles as AI use grows
- After Baker McKenzie’s Cuts, Layoffs Expected in Other Law Firms
