El 28 de junio de 2025 entró en vigor en toda la UE la aplicación de las normas que llevan años en el calendario: la Ley Europea de Accesibilidad (en la práctica, la transposición de lo que ya veníamos oyendo con la directiva de servicios y productos accesibles). Si tienes una web o una app que vende o presta servicios a clientes europeos, lo de “luego lo miro” se te ha quedado pequeño. No es un capítulo más de buenas prácticas: es el momento en que muchas pymes pasan de “recomendación” a “explicame qué pasa si un usuario no puede completar un pedido”.
Yo no soy abogado y no te voy a dar asesoramiento legal, pero sí te puedo contar lo que veo en proyectos reales: la gente sigue confundiendo “bonito en Figma” con “usable para todo el mundo”. La Comisión Europea ha publicado material explícito sobre el impulso a una UE más accesible y las administraciones nacionales han ido afinando fechas y ámbitos. En España ya veníamos de la transposición con la Ley 11/2023 y el marco del Real Decreto 193/2023; lo que cambia es que el calendario deja de ser un rumor de congreso y pasa a ser el contexto en el que te van a mirar si alguien se queda fuera de tu checkout.
Qué implica esto en el día a día de una web
En la práctica, lo que piden los textos y lo que resuenan en los medios especializados apunta a alinear servicios digitales con criterios tipo WCAG en nivel AA (según el caso y el tipo de servicio, con matices que marca cada Estado). Traducido a trabajo de equipo: contraste de textos, navegación por teclado, formularios con etiquetas claras, vídeos con subtítulos cuando aportan información esencial, errores que se explican y no solo se pintan en rojo, y una declaración de accesibilidad que no sea un PDF muerto en un cajón.
Si solo miras el SEO o el PageSpeed te vas a llevar un chasco: puedes tener un 95 en Lighthouse y seguir sin ser usable con lector de pantalla. La accesibilidad es compatibilidad humana, no una métrica más que inflar.
La microempresa no es un comodín mágico
Uno de los debates que más ruido ha generado es el de las exenciones para microempresas. En muchos textos se habla de umbrales del tipo menos de diez empleados y volumen de negocio anual bajo cierto límite, pero eso no significa “libre de culpa hasta nuevo aviso”. Depende del servicio, del canal y de cómo transponga cada país la norma. Mi consejo de técnico: si cobras online a clientes de la UE asume que te van a exigir un mínimo sensato aunque seas pequeño. El coste de arreglar accesibilidad a contrarreloj suele ser mayor que ir incorporándola en cada sprint.
Checklist que sí puedes aplicar ya
- Prueba con teclado: tabula todo el flujo de compra o contacto. Si te pierdes, tu usuario también.
- Revisa contrastes: no solo el hero bonito; carritos, pies de formulario y avisos legales.
- Textos alternativos con criterio: la imagen decorativa no necesita un ensayo; la infografía sí necesita explicación.
- Componentes reutilizables: si el botón del tema falla en foco visible, arrastras el error a veinte páginas.
- Publica una declaración honesta: qué cumples, qué estás mejorando y cómo reportar una incidencia.
En mi experiencia, el mayor enemigo no es la ley en sí sino el “maquetamos rápido y ya corregiremos”. Esa corrección nunca llega hasta que llega un reclamo o un cliente importante te pide el informe.
Si tuvieras que priorizar una sola pantalla antes de que te pidan un informe serio de cumplimiento, ¿irías al carrito, al login o al formulario de contacto?
