TIC's en la Web

Lo que la III Convención de La Plata promete sobre IA y lenguaje claro (y lo que sigue faltando)

El 1 y 2 de octubre La Plata acoge la III Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, con la Inteligencia Artificial como eje central. La RAE lo ha anunciado con pompa: lenguaje de los poderes públicos, accesibilidad cognitiva, glosarios, IA responsable. Si trabajas en web, contenidos o producto digital, te interesa porque es el mismo español que usas en landings, emails legales y textos de ayuda que nadie lee.

Yo no voy a la convención, pero sí leo lo que publican antes del evento. Y lo que veo me recuerda demasiado al patrón habitual: mucha declaración de principios, pocos números sobre qué pasa cuando metes un LLM en un flujo real de redacción pública o comercial.

Según Infobae, Santiago Muñoz Machado ha calificado la IA de «el gran reto de nuestros tiempos» en este ámbito. Coincido en la frase; discrepo en que una cumbre de dos días, por muy panhispánica que sea, resuelva el reto. El reto está en el día a día de quien publica condiciones generales, políticas de cookies o FAQs de soporte.

El discurso oficial vs. tu panel de WordPress

La convención hablará de «IA responsable y accesible» y de asistentes para una comunicación clara. Mientras, en España el Ministerio de Justicia y la UNED avanzan con un convenio para clarificar textos jurídico-administrativos con un enfoque híbrido de PLN e IA generativa, con 21 criterios de lenguaje claro y hasta una API para terceros, según recoge Cambios Legales. Eso suena a proyecto serio: criterios explícitos, integración en servicios como Carpeta Justicia, plazo administrativo.

¿Qué tiene que ver contigo? Mucho, si vendes servicios online. Cada cliente que te pide «simplifica la letra pequeña con ChatGPT» está pidiendo en la práctica lo mismo que el Estado quiere automatizar: transformar lenguaje especializado sin traicionar el sentido jurídico. La diferencia es que tú no tienes 21 criterios validados por la UNED; tienes un prompt y prisa.

Ahí está la grieta. Las instituciones construyen marcos, glosarios y evaluadores. Las pymes y las agencias pegan un botón «reescribir más claro» y cruzan los dedos. No es cinismo: es lo que veo en proyectos reales cuando el cliente confunde legibilidad con marketing.

Herramientas que sí existen (y no son magia)

Fuera del circuito iberoamericano de la RAE, ya hay precedentes concretos. En Chile, la PUCV ha impulsado ScribeClaroPUCV, un asistente de IA orientado a evaluar textos jurídicos y dar retroalimentación sobre claridad, como explica la universidad en su noticia sobre lenguaje claro. No es un traductor automático de «legal a humano»; apunta a mejorar lo que escribes. Ese matiz importa: evaluar antes de publicar, no solo generar otro párrafo bonito.

En ticweb ya hemos hablado de IA y lenguaje claro desde un ángulo más práctico. Este artículo no repite esa guía: va al encuentro de La Plata para preguntar si el ecosistema hispano va a converger en estándares medibles o se quedará en buenas intenciones y paneles.

Lo que echo en falta en casi todo el debate público —y probablemente sonará en La Plata, pero sin comprometer a nadie— es una métrica única para la web comercial. ¿Tasa de comprensión? ¿Tiempo en página del bloque legal? ¿Tasa de abandono en el checkout tras leer la política de privacidad? Sin eso, «lenguaje claro con IA» se convierte en estética: frases más cortas que siguen sin explicar qué haces con los datos del usuario.

El riesgo de la «claridad» generativa

Los LLM alisan la prosa. Quitan passive voice, acortan incisos, sustituyen latinismos. Eso puede acercarte a criterios discursivos de lenguaje claro. También puede suavizar obligaciones, diluir excepciones o inventar matices que no estaban en el original. En administración pública el error cuesta credibilidad institucional; en e-commerce cuesta demandas y sanciones.

Por eso me interesa más el camino híbrido del convenio español —reglas + modelo— que el relato de «la IA hablará claro». Las reglas sin modelo no escalan; el modelo sin reglas no es fiable. Si la Red Panhispánica sale de La Plata con otro manifiesto y sin un perfil mínimo de API o criterios exportables, habremos gastado avión y hotel para confirmar lo obvio: hace falta que entiendan lo que leemos.

En mi experiencia, el cuello de botella no es el idioma: es quién firma el texto simplificado. Marketing quiere vender; legal quiere cubrirse; producto quiere publicar ya. La IA entra como tercer mediador y todos respiran… hasta que alguien pregunta quién validó la versión «clara» del contrato.

Qué vigilar después del 2 de octubre

Si te dedicas al sector digital, no necesitas seguir la convención en directo; necesitas tres señales concretas. Primera: ¿publican criterios reutilizables (no solo PDFs de estilo) que puedas contrastar con tus textos? Segunda: ¿hablan de evaluación humana obligatoria en dominios sensibles o solo de asistentes? Tercera: ¿mencionan integración con herramientas que ya usas —CMS, DAM, ticketing— o se quedan en el aula universitaria?

Si las tres respuestas son vagas, La Plata habrá servido para visibilidad política y poco más. Y no pasa nada: seguirás teniendo que decidir tú si el botón de «simplificar» en tu flujo editorial es un aliado o un testamento mal redactado.

La ironía final es que la RAE prepara glosarios de IA para ciudadanos mientras millones de ciudadanos ya usan IA para escribir sin glosario. El derecho a comprender choca con el derecho a publicar rápido. La convención debería servir para alinear eso; si no, quedará como otro evento donde todos estuvieron de acuerdo en que hay que hablar claro.

Si mañana tu cliente te pidiera simplificar con IA la política de privacidad y reducir un 40% las palabras sin revisión jurídica, ¿la publicarías en producción el viernes o preferirías perder el encargo?

Fuentes

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