TIC's en la Web

Millones para formar profesores en IA: buena idea, marca enorme… y pocas garantías públicas.

Google ha vuelto a encender Madrid con un ciclo muy reconocible: evento bien iluminado, palabras grandes sobre inclusión y competitividad, y un paquete de iniciativas que suenan a futuro cercano cuando en realidad mezclan financiación, producto en beta y comunicación muy medida.

En medio de ese guion llegó también la habitual promesa económica: una cantidad muy relevante destinada desde Google.org a capacitar docentes españoles en “habilidades de IA”; la noticia apareció muy repartida en medios españoles esa misma semana y el blog oficial describió todo el programa bajo una narrativa muy clara: la tecnología debe quedar donde toca pero el protagonismo es humano (blog oficial, Europa Press).

Y no te voy a hacer el truco facilillo de tirar piedras sin reconocer el problema real. España necesita alfabetización en IA en muchos frentes, y el mundo educativo lleva tiempo en la trinchera más difícil: no es lo mismo “usar herramientas” que cambiar prácticas, evaluación y calidad percibida. La Razón apuntaba justo eso mismo con algunas cifras que me encajan por experiencia cotidiana: una parte importante de profesorado ya está probando herramientas generativas, pero muchísima gente dice que falta tiempo y soporte institucional. Es decir, el problema no es solo económico pero tampoco se resuelve con un clic (La Razón).

¿Entonces donde me pongo quisquilloso?

Cuando el diseño del “qué vas a llamar alfabetización en IA” lo define casi íntegramente quien tiene el mejor stack comercial disponible ese trimestre, la conversación política suele deformarse sin que demos cuenta. Nos entregan contenidos prácticos, laboratorios, certificaciones o retos gamificados, y hasta ahí muy bien porque el tiempo del profesor vale oro.

Pero el marco público español también está tirando simultáneamente de la cadena corta cuando habla de menores y de IA: medidas muy serias contra acoso sexual en línea, manipulaciones y presencia de tecnología en adolescentes están en primera página de la política digital del país (Digital Inside sobre el endurecimiento normativo reciente). ¿No te pasa que ese empuje legislativo y el empuje de “llevar Gemini y experimentos divertidos ya” pueden acabar coexistiendo muy incómodo en el mismo centro? En la práctica te encuentras comunidades creando infraestructura de alto nivel paralela (hay apuestas muy fuertes en algunas comunidades sobre centros públicos más “IA-friendly”) pero no siempre aparece cómo garantizamos neutralidad tecnológica, privacidad o portabilidad de los materiales con licencias abiertas que no expiren porque la API cambió dos veces antes de llegar Carnaval (ABC sobre el centro de excelencia madrileño).

Yo no estoy contra que Google pague talleres dignos si el dinero va a trabajo docente estable: lo que critico es el vacío que dejamos después. ¿Quién audita contenidos cuando el proveedor anunció la semana siguiente otra función y arropó políticamente tres cosas diferentes bajo la misma palabra?

En paralelo hay un debate muy vivo en inglés que aquí apenas traducimos cuando conviene para marketing institucional: la dependencia institucional de un ecosistema concreto, el entrenamiento de equipos públicos usando material que te acopla terminología y hábitos, y sobre todo qué garantías existen cuando el proyecto corporativo pivota mientras cambia el ciclo económico. La noticia española llega muy “calentita” porque el problema es fresco; la solución debe ser igual de duradera, no sólo foto de equipo al final del día.

Termino muy claro. Si dentro de tres cursos tus alumnos siguieran viendo tus materiales igual de útiles usando otra marca de modelo o el mismo montaje autoconstruido en un servidor local, ¿tendrías hoy garantías institucionales escritas antes de cerrar puertas o seguimos aceptando alfabetización “rápida” sin saber qué será de tu planificación curricular el año siguiente?

Fuentes

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