En agosto de 2024 saltó la noticia: OpenAI estaba en conversaciones para una ronda de financiación que la valoraría en más de 100.000 millones de dólares. Thrive Capital lideraría con alrededor de 1.000 millones; Microsoft seguiría apostando. La cifra refleja tanto la apuesta del mercado como sus contradicciones.

Qué hay detrás del número
OpenAI ya había sido valorada en unos 86.000 millones a principios de 2024. Superar los 100.000 millones la situaría como la startup de IA más valorada. Los ingresos anualizados superaban los 3.400 millones, pero los costes de entrenamiento y talento son brutales: se hablaba de pérdidas cercanas a 5.000 millones en el año y de 8.500 millones ya gastados. La valoración no refleja beneficios; refleja expectativa de dominio futuro.
El mensaje implícito
Invertir a esas cifras significa creer que quien controle los modelos más capaces se llevará la mayor parte del valor en la próxima década. Es una apuesta por concentración: el capital fluye hacia unos pocos actores que pueden permitirse entrenar modelos frontera. Las alternativas open source o más pequeñas quedan en desventaja estructural.
Riesgo y responsabilidad
Una empresa con esa valoración y esas pérdidas depende de que los inversores sigan creyendo en el relato. La presión por crecer y monetizar puede chocar con promesas de seguridad y alineación. Que la misma empresa que firma acuerdos voluntarios con el gobierno de EE.UU. para “evaluar riesgos” esté a la vez buscando una valoración récord debería hacernos preguntar si la gobernanza puede ir al ritmo del dinero.
Conclusión: la valoración de OpenAI es un termómetro del entusiasmo inversor por la IA generativa, pero también un recordatorio de que el poder económico y el poder sobre la tecnología se están concentrando en muy pocas manos.
