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Por qué la mayoría de migraciones a la nube salen mal

Por qué la mayoría de migraciones a la nube salen mal

Las migraciones a la nube se han convertido en algo habitual en el vocabulario de los de tecnología. Seguramente has estado lidiando con este tema en tu empresa o en el día a día de tu trabajo, y en cualquier foro del sector no faltan las promesas de eficiencia, flexibilidad y reducción de costes que van acompañadas de la migración a la nube. Sin embargo, lo que veo constantemente es que la mayoría de estas migraciones fallan. ¿Por qué? Vamos a desgranarlo.

Para empezar, hay una desconexión brutal entre las expectativas del mercado y la realidad de lo que estas migraciones implican. Se nos dice que la nube es la solución mágica que simplificará procesos y mejorará la colaboración, pero a menudo hay una falta de comprensión de la infraestructura actual y de por qué esa transición no es tan simple como un «clic» en un botón. Hay empresas que, al migrar, se dan cuenta de que su arquitectura no está preparada para el escalado, lo que desemboca en costos mayores a los previstos y en un rendimiento que no es para nada el esperado. En el fondo, se subestima la complejidad del entorno que desean migrar.

Por otro lado, muchos de los proveedores de nubes—cubriendo tanto a gigantes como Amazon Web Services, Google Cloud o Microsoft Azure—promocionan sus servicios como ‘listos para usar’ cuando la realidad es que demandan una configuración cuidadosa y especializada. Esto a menudo no se menciona en las presentaciones de ventas, donde solo vemos los pros, pero no las contras. Por lo que he leído y oído, una adecuada planificación inicial es la clave, y parece que eso se ignora con frecuencia. Se estima que hasta un 70% de las migraciones a la nube están mal planificadas (fuente: Gartner), y esto me parece alarmante.

Uno de los mayores errores es la falta de colaboración entre equipos. En muchas ocasiones, la decisión de migrar se toma desde el departamento de TI sin que se consulte a otros sectores, como desarrollo o la propia dirección. Esto genera una brecha de comunicación que se traduce en objetivos poco claros y en una falta de alineación sobre qué se espera lograr con la migración. He sido testigo, incluso, de empresas que han migrado partes de su infraestructura que no necesitaban ser movidas, solo porque era la tendencia. Un movimiento estratégico pero sin sentido.

Además, al hablar de la nube, muchas veces se hace referencia de forma laxa a la seguridad de los datos. ¿Realmente se entiende lo que significa trasladar información sensible a otro entorno? En los últimos meses, hemos escuchado varios casos de brechas de seguridad tras migraciones en empresas que pensaban cubrir sus necesidades de seguridad con las soluciones ‘out of the box’ que ofrecen los proveedores. A menudo, esto es un error, y es fundamental que se realicen auditorías y análisis de riesgos previos a la migración.

Ayudándose en parte de la indecorosa aritmética de costes, a veces los responsables de las empresas entienden la nube como un simple ahorro. Permíteme recordarte que la migración a la nube no es solo un tema de costes: es una reestructuración total de cómo funciona el negocio. Procesos desactualizados no se optimizan solo por cambiar a un entorno más flexible. De hecho, muchas empresas, después de migrar, se dan cuenta de que en lugar de ahorrar, sus costes han aumentado debido a un uso inadecuado de los servicios. Y esto es algo que debería matizarse en esas presentaciones llenas de optimismo.

Otro aspecto que resalta es la falta de formación. Muchas veces, las empresas asumen que sus empleados podrán adaptarse sin problemas al nuevo entorno. Esto es un mito. La nube no es solo una herramienta; requiere un conjunto de habilidades diferentes. Sin capacitación adecuada, los empleados no solo no pueden aprovechar al máximo las ventajas de la nube, sino que se ven abrumados, lo que resulta en una reducción en la productividad. He visto equipos frustrados que luchan por adaptarse y acaban tomando decisiones subóptimas que afectan el rendimiento general de la organización.

En resumen, la migración a la nube no puede ser un proceso que se tome a la ligera. Es fundamental que las empresas evalúen su situación actual con un enfoque crítico, considerando tanto las potencialidades como los riesgos. Al final, aquel camino directo hacia la nube puede parecerse más a un laberinto en el que uno se pierde en lugar de alcanzar la claridad que prometía. Si nos aferramos a la noción de que la nube es la solución mágica sin tener en cuenta las realidades técnicas y humanas, seguramente vamos a acabar tropezando.

Después de todo esto, me pregunto: ¿estás realmente preparado para afrontar los desafíos que viene con la migración a la nube, o seguirás dejándote llevar por la corriente de la moda tecnológica?

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